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Siempre han existido pobres por Marta Alonso

por | 18 Oct, 2015 | Conócenos | 0 Comentarios

Es una frase que cualquier persona ha podido escuchar o decir alguna vez en su vida, como reafirmando la normalidad de que hayan personas que viven privadas de cosas tan básicas como una cama, un buen plato de comida e incluso unas palabras de apoyo de alguien amado. Parece resumir el modo en que la sociedad concibe la pobreza, justificando de este modo la dura realidad que azota nuestras calles desde siempre. Aunque también refleja la indiferencia y el espacio que parece existir hacia las personas que viven en la calle. Parecemos acostumbrados a ver anuncios donde se muestra la pobreza extrema, a apartar la vista cuando vemos a un transeúnte durmiendo en la calle, en cualquier rincón frío, hemos desarrollado la capacidad de ir a un cajero a sacar dinero y contemplar la imagen de ver a una persona cobijandose con todas sus pertenencias con total indiferencia. Apartamos la cara, metemos las manos dentro de nuestros bolsillos calientes y seguimos centrándonos en nuestra vida dejando atrás una situación tan dura como la vida misma.

La realidad de las personas que sufren la exclusión, que han realizado un largo viaje desde su país hasta el nuestro para mejorar sus condiciones y las de su familia, o que se encuentran atravesando un mal momento en su vida, no es algo tan sencillo ni tan superficial como justificar la existencia de pobres como algo que pareciera que debe tener cualquier sociedad, cualquier ciudad que se precie.

Como profesional que desempeña su trabajo en la Asociación Neri, puedo decir con orgullo que nosotros no miramos la pobreza y la exclusión como algo irremediable, algo que deben sufrir las personas que han cometidos errores en su vida o que han nacido en un país con unas condiciones que no han elegido. Tratar a las personas como personas, aunque parezca una redundancia, es la máxima de nuestra intervención, de nuestra atención a la esta parte de la sociedad que se encuentra en una situación desfavorable.

El fragmento de un poema de Alberto Cortez refleja la preocupación por la desprotección de las personas en la sociedad:

(…) Hasta cuándo seguiremos esperando,

Que se acaben de una vez las agresiones,

Con la vida no se puede andar jugando,

Protegerla es la razón de las razones (…)

 

Y así actuamos en Neri, protegiendo la vida de las personas. Y su integridad. Y su dignidad. Todas las actividades y los esfuerzos que realizamos van encaminados a mejorar la calidad de vida de estas personas que recurren a nosotros para ayudarles a hacer un poco más amena su dura vida en la calle.

Los rostros de las personas que sufren la exclusión, personas con nombre, con sentimientos, sueños e ilusiones quebradas, son los rostros de Neri. En el día a día me encuentro con situaciones tan duras que parecen irreales. Y aún la gente no piensa que esto exista o que pueda estar tan cerca de ellos.

No debemos olvidar que la exclusión social y la pobreza son algo que puede afectarnos a todos en algún momento de nuestra vida en que las circunstancias no nos sean favorables. O que conocemos a alguien cercano que podría verse desorientado y en una situación similar. Son tantas las historias cotidianas, son tantos los usuarios que cuentan que una vez “tuvieron una vida”: una casa, familia, hobbies…e incluso hablan de placeres que parecen perdidos. Personas con talentos increíbles, cultura e ideas que compartir crean una pequeña sociedad paralela única, de la que Neri forma parte y seguirá formando parte para darles su apoyo a estas personas.

Si observamos con detenimiento el funcionamiento de la ciudad al caminar por ella, podremos advertir que existe una especie de brecha insalvable que separa a los dignos de los indignos, a las personas desfavorecidas que parecen condenadas a no tocar el mundo que les parece prohibido. Es como si nunca hubieran formado parte de esa normalidad que parece tan nuestra y parece negada a otros.

Este es el motivo del nacimiento y el funcionamiento de Neri, dar voz y dignidad a estas personas que parecen condenadas a esta situación. Y en Neri nos negamos a aceptar esto. La pobreza no debe ser tomada como algo imperturbable, aunque sí es una situación persistente y dura contra la que hay que luchar incansablemente y para lo que se necesita mucho más que recursos, se necesita un cambio en la sociedad y en las políticas sociales que protejan a estas personas. Ante la dificultad añadida que genera la inexistencia de recursos suficientes para proteger el bienestar de los ciudadanos, es importante no dejar de buscarlos y concienciar a la sociedad para que sea consciente de estos obstáculos para luchar contra la pobreza.

A pesar de que las personas que acuden a Neri sufren la pobreza, la calle y la dureza de una vida llena de hastío, no perdemos la alegría. Una conversación, una broma entre compañeros, la complicidad de sabernos parte del mismo barco, de tener las mismas ganas por el cambio, son el motor de Neri. Ver la ilusión en los ojos de personas que parecen haberlo perdido es una maravilla que sólo nosotros podemos contemplar. Un rato en la plaza, una guitarra, una canción, algo que enseñar y aprender conforman nuestro día a día.

Fijarnos en las cifras de personas que atendemos diariamente para tomarlo como un aspecto positivo no es un error, pero es necesario que lo tomemos como un indicador de que hay más personas que necesitan nuestro apoyo, que cada día, por desgracia, veremos más caras nuevas buscando ayuda y cobijo. Pero en Neri vamos más allá. No se trata de darles solamente los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas, sino de hacerles sentir personas con dignidad y derechos que pueden cambiar su vida y deben buscar la mejora constantemente de su condición, superar sus problemas u obstáculos y tratar de tener lo que anhelan.

Neri nació con espíritu solidario, pero también entusiasta. Este entusiasmo es el que ponemos cada día para afrontar las duras historias que hacen único a cada usuario. La experiencia de poder compartir estas anécdotas y estos problemas, ver el sufrimiento y a la vez las ganas de cambio en estas personas es algo que no olvidaré jamás. Ver la valentía de los inmigrantes que han abandonado sus hogares y a sus familias para poder darles una vida mejor es una lección y un aprendizaje de vida. Cada uno de ellos es aprendizaje, sabiduría. Incluso los más jóvenes. Ya se sabe que la escuela más dura es la calle.

Nuestra preocupación por la situación de inmigrantes, personas que se ven en la calle o que están atravesando un mal momento es nuestro motor; los recursos de los que disponemos son nuestras herramientas para aliviar el dolor, la preocupación por proteger la dignidad de estas personas; nuestra actitud, es nuestra forma de afrontar la realidad, nuestros ideales para luchar contra la pobreza y defender a los más vulnerables.

Para luchar contra la pobreza se necesita el esfuerzo y la solidaridad del resto de la sociedad, necesitamos que se desarrolle una red de empatía que cubra la conciencia de las personas desinteresadamente, que se potencien el amor y la preocupación por la justicia social, en definitiva, la búsqueda efectiva del bienestar de toda la sociedad, sin prejuicios, sin reproches. Todos somos humanos y necesitamos una segunda oportunidad, haya pasado lo que haya pasado. Y para eso está Neri, para proveer las herramientas y dar la ilusión a personas que parecen haberlo perdido todo a tener esa segunda oportunidad.

Con esta reflexión me gustaría darte la bienvenida a la Asociación Neri, a este blog, a nuestro pequeño mundo compuesto por grandes personas. Sí, a ti. Darte la bienvenida porque, como nosotros, aún sigues creyendo que un mundo mejor puede ser posible, un mundo solidario y justo en el que cabemos todos y en el que el cambio es el motor de la vida.

“Pobrezas”. Eduardo Galeano

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que no tienen silencio ni pueden comprarlo.

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar,

como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que tienen el derecho de respirar mierda,

como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres,

lo que se dice pobres

son los que no tienen más libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres,

lo que se dice pobres,

son los que no saben que son pobres.

M.A.S.  Trabajadora social