“DEDICAR MI TIEMPO. ESCUCHAR. ACOGER” - Asociación Neri “DEDICAR MI TIEMPO. ESCUCHAR. ACOGER” - Asociación Neri

Una vida de entrega y pedagogía de la justicia social.

Hablar de Pepita Esparza significa hablar de entrega. Una entrega desmesurada desde su ejercicio como maestra hasta su jubilación, en la que no ha cesado de entregarse a los más necesitados.

De vocación cristiana, esta maestra de educación primaria ha desarrollado su labor pedagógica y social en los colegios de los barrios marginales, promoviendo la escuela pública, del pueblo y del maestro, desde el Movimiento de Maestro de Acción Católica (MMAC), que formó con otros profesionales de la educación.

Tras una intensa vida profesional, la popular Pepita se jubiló y aumentó aún más su trabajo como voluntaria. Su solidaridad ha ido en aumento con los años. Su participación con Murcia Acoge, asociación de atención al inmigrante, le llevó a fijar su esfuerzos en este colectivo, incluso acogiendo a personas en su propia casa.

Esta vida dedicada al amparo y protección de los más vulnerables, esta filosofía de vida, esta entrega y lucha contra la xenofobia, la pobreza y la injusticia, no han pasado desapercibidas en la comunidad murciana, y Pepita ha sido premiada en distintas ocasiones por diferentes instituciones y actos sociales: fue premiada en dos ocasiones por la Universidad de Murcia, recibiendo el premio Solidario Anónimo (2003 y 2013), premio Cultura y mujeres, de la asociación con el mismo nombre (2010) y el premio del Instituto Mariano Vaquero (2012-2013).

Este breve recorrido por la biografía de Pepita Esparza es sólo una introducción a la obra de esta entrañable mujer de  88 años, que formó la Asociación Neri por los inmigrantes con el apoyo de la comunidad de base cristiana.

A pesar de que el esfuerzo de esta voluntaria ha tenido repercusiones positivas para muchas personas a lo largo de los años, la Asociación Neri puede considerarse como el fruto del trabajo de muchos años, como la concreción de tanta solidaridad y ayuda en una entidad técnica y competente de acogida a inmigrantes y a cualquier persona en exclusión social.

A través de esta Asociación, de la que Pepita es presidenta, se dan desayunos diariamente todos los días de la semana, servicio de higiene y ropa, entre otros. Pero lo importante es la labor y compromiso que Pepita tiene diariamente: a pesar de su edad, se encarga de traer suministros para el desayuno (pan, dulces, margarina y otros alimentos) desde primera hora de la mañana. También se encarga de coordinar a los profesores voluntarios y dar clases de español para inmigrantes todas las semanas, además de dar clases en su propio domicilio a inmigrantes que necesitan mejorar el idioma o jóvenes que simplemente quieren estudiar. Además, sigue colaborando activamente con Murcia Acoge y se encarga de muchas otras actividades para ayudar a personas que lo necesitan: la jornada de Pepita comienza a las seis de la mañana y termina bien entrada la noche. Es asombroso ver a Pepita muchos días, a las doce de la noche o una de la mañana realizando labores de ayuda a mucha gente.

Una mujer de avanzada edad, conduciendo un pequeño coche y cargada de grandes valores, deja boquiabierto a cualquiera que la conozca. El coraje, el valor y la entrega de esta mujer es difícil de olvidar, el impacto positivo en cualquier persona que la rodea es palpable.

Redactar este texto desde la perspectiva de una sola persona que se haya beneficiado del amor gratuito de Pepita y de su ayuda sería insuficiente. Por eso nosotros, como asociación, queremos remarcar el impacto positivo en toda la sociedad murciana que tiene el funcionamiento de la Asociación Neri y lo imprescindible que Pepita es a día de hoy para que esta ONG funcione.

Me ha reportado mucha felicidad, mucha alegría, sentirme útil, decía Pepita en una entrevista reciente. (…) “Yo en la vida no busco premios, eso me viene grande, y, además, me pregunto por qué a mí, por qué en el mundo en el que me muevo hay muchas personas solidarias que lo merecen más que yo” afirmaba cuando recibió el premio de Cultura y mujeres.

No hablamos solamente de una persona solidaria, de una voluntaria que participa algunos días en una asociación, que ayuda desde sus valores cristianos. Estamos hablando de una persona que ha entregado su vida por los demás, que sacrifica su tiempo con entusiasmo, con alegría, contagiando esto a todas las personas que la rodean. Hablamos de una mujer increíble, con una energía desbordante y un ímpetu de lucha que no se encuentra con facilidad.
Es por esto que, todos los profesionales y usuarios de la Asociación Neri, consideramos que la labor de Pepita debería ser reconocida más allá de las fronteras de la Región de Murcia, no sólo para que se reconozca su nombre, si no para contagiar su espíritu. Porque ya no existen personas como Pepita. Porque es necesario que este espíritu, esta lucha por la justicia social y el bienestar de todos los ciudadanos perviva en el tiempo.